El error de exigir resultados sin dar herramientas
Es una de las incoherencias más comunes en las organizaciones: fijar objetivos ambiciosos mientras se niegan los recursos para alcanzarlos. Pedimos innovación pero no damos tiempo para pensar. Exigimos calidad pero recortamos formación. Queremos velocidad pero mantenemos procesos obsoletos.
Esta desconexión entre expectativas y medios no solo frustra a los equipos. Destruye sistemáticamente la motivación, el compromiso y, paradójicamente, los propios resultados que se buscan.
La trampa de la responsabilidad sin recursos
Cuando asignamos responsabilidad sin autoridad ni recursos, creamos una situación imposible. Las personas se sienten responsables de resultados que no pueden controlar. Esto genera estrés crónico, sensación de fracaso permanente y eventualmente desconexión.
Es como pedir a alguien que construya una casa y darle solo un martillo. Quizás logre algo, pero nunca lo que realmente se necesita. Y cuando el resultado decepciona, ¿de quién es la culpa?
«No puedes pedir a las personas que lleguen a la luna y luego quitarles el cohete.»
Las herramientas que faltan (y que no siempre son tecnología)
Cuando hablamos de herramientas, solemos pensar en software y equipamiento. Pero las herramientas más críticas suelen ser intangibles:
Tiempo
Agendas saturadas de reuniones no dejan espacio para el trabajo profundo. El tiempo es la herramienta más escasa y más ignorada. Exigir resultados de calidad sin proteger bloques de concentración es contradictorio.
Información
Decisiones acertadas requieren datos relevantes. Equipos que trabajan a ciegas, sin visibilidad sobre contexto y prioridades, no pueden optimizar su esfuerzo.
Formación
Pedir nuevas competencias sin invertir en desarrollarlas es transferir el coste al empleado. Esperar que las personas se formen en su tiempo libre es una forma de explotación disfrazada.
Autoridad
Responsabilidad sin capacidad de decisión es una cárcel. Las personas necesitan poder actuar, no solo ejecutar órdenes.
Claridad
Objetivos ambiguos garantizan fracaso. Sin definición clara de qué significa éxito, cualquier resultado puede juzgarse como insuficiente.
Por qué ocurre esta desconexión
Las causas suelen ser múltiples y entrelazadas:
Presión descendente: Los directivos transfieren presión sin filtrar. Reciben objetivos de arriba y los pasan abajo sin cuestionar si son alcanzables con los recursos disponibles.
Desconexión de la realidad: Quienes fijan objetivos no siempre entienden el trabajo diario. Hay una brecha entre la estrategia de PowerPoint y la operación real.
Cultura del «apañarse»: En algunas organizaciones se glorifica hacer milagros con nada. Esto normaliza la escasez de recursos como algo que «los buenos» superan.
Evitar conversaciones difíciles: Reconocer que faltan recursos implica o conseguirlos o ajustar expectativas. Ambas conversaciones son incómodas.
El coste oculto de esta incoherencia
Las consecuencias van más allá de objetivos no cumplidos:
- Burnout: Personas intentando lo imposible se agotan
- Pérdida de confianza: Si siempre se pide lo inalcanzable, los objetivos pierden credibilidad
- Creatividad tóxica: Atajos, trampas, métricas manipuladas para aparentar resultados
- Rotación: Los mejores se van a lugares donde puedan tener éxito real
- Cinismo organizacional: «Aquí siempre ha sido así» se convierte en profecía autocumplida
Cómo romper el ciclo
Como líder: haz el ejercicio de coherencia
Antes de fijar un objetivo, pregúntate: ¿qué necesita mi equipo para lograrlo? ¿Lo tienen? Si no, ¿puedo conseguirlo? Si no puedo, ¿debo ajustar el objetivo? Objetivos sin recursos no son objetivos, son deseos.
Protege a tu equipo
Parte del trabajo del líder es filtrar presión irrazonable. Decir hacia arriba «esto no es posible con los recursos actuales» es un acto de liderazgo, no de rebeldía.
Haz visible la brecha
Documenta lo que se pide versus lo que se proporciona. A veces la incoherencia persiste porque nadie la hace explícita. Los datos sobre la brecha recursos-objetivos pueden ser poderosos.
Celebra el progreso real
En lugar de solo medir contra objetivos quizás inalcanzables, reconoce el avance genuino. Las personas necesitan victorias para mantener la motivación.
Conclusión: coherencia es respeto
Exigir resultados sin dar herramientas es, en el fondo, una falta de respeto. Es decir implícitamente que los resultados importan más que las personas que deben lograrlos.
El liderazgo coherente alinea expectativas con medios. Entiende que los grandes resultados vienen de equipos bien equipados, no de personas exprimidas hasta el agotamiento.
Antes de tu próxima reunión de objetivos, asegúrate de que por cada meta hay un plan de recursos. Eso no es ser blando. Es ser realista. Y el realismo es la base de cualquier logro sostenible.